• Proporcionar la estructura inicial.
• Obtener la confianza y cooperación de las partes .
• Fomentar su participación activa en el proceso.
• Explorar el verdadero problema, no el detalle.
• Animar a que cuenten más, a que se desahoguen, evitando la sensación de interrogatorio.
• Escuchar atentamente las preocupaciones y sentimientos de cada parte, utilizando técnicas como las de: mostrar interés, clarificar, parafrasear, reflejar el sentimiento, resumir, etc.
• No valorar, ni aconsejar, ni definir qué es verdad o mentira, ni lo que es justo o injusto.
• Ayudar a poner sobre la mesa los temas importantes del conflicto.
• Prestar atención tanto a los aspectos del contenido en sí del conflicto, como a la relación entre las partes.
• Apoyar el diálogo entre las partes. Reconocer sentimientos y respetar silencios.
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